El llamado que no siempre se entiende

A primera vista, la imagen puede resultar perturbadora. Un perro parece estar atacando a una oveja, sujetándola con fuerza por el cuello. La escena provoca rechazo inmediato. Sin embargo, cuando la mirada se amplía y se observa el cuadro completo, la verdad se revela: el perro no la está dañando, la está sacando del agua para salvarle la vida.

Esta imagen describe con claridad el llamado al ministerio.

El llamado de Dios rara vez es cómodo y casi nunca es comprendido a simple vista. Muchas veces, quienes observan desde afuera solo ven la tensión del momento, la firmeza de una decisión o la dureza de una corrección, sin percibir el peligro del que se está rescatando a la oveja.

Servir implica peso. Implica responsabilidad. Implica actuar con determinación cuando hay riesgo, aun sabiendo que no todos entenderán la acción. El ministerio no se ejerce desde la comodidad, sino desde la entrega.

Yeshúa definió el liderazgo espiritual con palabras claras y exigentes:

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.”
(Juan 10:11)

Dar la vida no siempre significa morir físicamente. En muchas ocasiones significa morir al ego, al deseo de ser aceptado, a la necesidad de aprobación. Significa renunciar a la comodidad personal por el bienestar de otros.

Yeshúa también fue honesto acerca del camino:

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
(Juan 16:33)

El ministerio está marcado por la aflicción, el desgaste y la presión. No porque el llamado sea incorrecto, sino porque el rescate tiene un costo.

Shaúl, conocido como Pablo, comprendía profundamente este peso. Él escribió:

“Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados.”
(2 Corintios 4:8)

Y más adelante confesó una carga que muchos líderes conocen bien:

“Además de todo esto, lo que sobre mí se agolpa cada día: la preocupación por todas las congregaciones.”
(2 Corintios 11:28)

El llamado pastoral no es estético ni sencillo. A veces se ve duro. A veces se siente incomprendido. Pero su propósito siempre es vida. Dios ve el cuadro completo, aun cuando otros solo perciben una fracción del momento.

El Eterno conoce el corazón de quienes Él ha llamado. Sabe cuándo una acción firme no es violencia, sino misericordia. Sabe cuándo una corrección no es dureza, sino amor que rescata.

Y en medio de ese peso, permanece esta verdad:

“Fiel es el que os llamó, el cual también lo hará.”
(1 Tesalonicenses 5:24)

El llamado no viene solo. Viene acompañado de la fidelidad del que llama.

Camilo Esteban Alfaro Mateus
Camilo Esteban Alfaro Mateus
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